miércoles, 10 de agosto de 2011

When everything is lonely...


Navegando por las turbias aguas de la red, di con esta imagen, parte de una estrofa de la canción `Lua´ de Conor Oberst, mejor conocido en el ámbito musical como Bright Eyes, uno de esos talentos que mucho se les aplaude pero poco vende...
De inmediato me identifiqué con ella, primero porque nunca le he sacado (del verbo "sacatear") a la soledad, y segundo, porque coincido que así como yo puedo ser mi propio y muy temido némesis ("declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es...YO MISMO ¡AAAAA!" *gira hsitérico en su propio eje*) , hay veces que a pesar del diablillo jodón que se posa en mi hombro izquierdo, también puedo ser mi propio amigo. Es decir, si tuviera un reality show llamado `My New BFF´, yo estaría entre los tres contendientes finales (lo de ganar no sé, todavía no me caigo tan bien).

Contrario a Bright Eyes, su humilde servilleta no le entra al café, porque ¿para qué darle neurosis líquida a un neurasténico?, y en cuanto a lo de paper, sólo leo la sección de espectáculos pues todo lo demás me tumba los ánimos con una trompada de realidad.
Por lo mismo, me di a la tarea de meterle mano (con todo respeto) a la frase, y viendo que la soledad resulta tan personalizable, le pedí a algunos amigos que cooperaran con su propia versión del quality time con uno mismo. Me di cuenta  de dos cosas: Una, tengo el poder de convocatoria de una mofeta leprosa y Dos, cada quien hace de su culo un florero...

A continuación, les presento mi soledad, y algunas soledades ajenas:

 Pepe
 Bere
 Ricky
Caro
 Isa
 Lalo
 Sonia
(Gracias Pepe, Bere, Ricky, Caro, Isa, Lalo y Sonia. Los quiero mil, amigos.)

jueves, 21 de julio de 2011

Je vous presénte a Benjamin Lacombe


No quito el dedo del renglón. Sé que algún día voy a ganar la batalla contra la condenada y alevosa desidia y voy a poder terminar mi soñado libro ilustrado clasificación doble A.
Aunque me lleve años; aunque sea obra póstuma; aunque tenga que interrumpir mi eterno descanso para jalarle las patas a algún editor renegado obligándolo a que la publique bajo amenaza de un perpetuo embrujo, lo haré. Algún día.
Mientras eso pasa, en mi búsqueda de la inspiración apropiada para empezar el susodicho, me topé con un talento al que ya le llegó su "algún día" y lleva publicados una docena de trabajos con apenas 29 años.
Lo conocí en una de esas idas a Gandhi en las que me sumerjo en la sección de libros infantiles, embebido cual churumbel de 5 años con grandes obras existencialistas como `Las Pulgas No Vuelan´ y `Maria Ite y el Chupete de su Amiga´ (este último título también lo pueden encontrar en la sección de adultos de su videoclub preferido).
Di con él bajo recomendación de la entusiasta y fervorosa vendedora, a quien le pedí me sugiriera libros ilustrados muy a pesar de sí misma, y del tiempo que le estaba dedicando a su chicle de menta.
"Éste es nuevo", me dijo. "Y está chido", remató.
¿Nuevo Y chido? ¡Me lo llevo!
Así llegó a mis manos la Edición de Coleccionista de `Genealogía de una Bruja´, escrito por Sébastien Perez e ilustrado por el très talentueux Benjamin Lacombe, un parisino que es (a falta de un mejor halago), una pistola para su arte; así, a calzón quitado: un fregón de la ilustración.
Nació en la Ciudad de la Luz en 1982, y en el 2001, ya crecidito y convencido de qué quería hacer de su vida, ingresó a la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas de París. Mientras realizaba su entrenamiento artístico, Benjamin (sí, lo voy a tutear porque en mi cabeza es un amigo con derechos...vastos derechos) empezó a trabajar en el mundo publicitario y con apenas 19 años, ya tenía publicado su primer comic y unos cuantos trabajos de ilustración. Su tésis, un libro titulado `Cherry and Olive´ que es el primer trabajo que escribe además de ilustrar, se publicó en Francia en el 2006, y un año más tarde en Estados Unidos donde se llevó el reconocimiento de ser uno de los 10 mejores libros infantiles del 2007 según la revista Times.
Desde entonces, el buen Benja ha publicado varias obras, trabajado en campañas publicitarias, ilustrado portadas de libros y exhibido su arte en galerías alrededor de todo el mundo incluyendo Nueva York, Roma y Tokyo; para este 2011 planea casarse conmigo y seremos felices hasta que la muerte nos separe, amén.

Femenino, romántico e inocente pero a la vez grotesco y creepy, su estilo dista tanto de lo que su servidor sabe hacer, que tenía que reconocerle su maestría aquí en mi reputado blog, y presentárselos, no como un mero ilustrador de libros infantiles, sino como un gran artista (que además, fue bendecido por la mano vigorosa de Papá Dios con excelentes genes).
No me queda más que decir: Ooh, la la! (y baguette, y champagne y voulez-vous coucher avec moi)

Mi adquisición, `Genealogía de una Bruja´
Parte de su trabajo:



 



(Todas las imágenes son propiedad de Benjamin Lacombe)
Y finalmente, para que babéen en francés...

jueves, 30 de junio de 2011

Entre el zapato y el pantalón...

Confieso que nunca le había prestado demasiada atención al "arte" de los pies bien vestidos.
Dejando a un lado la obligatoria higiene personal y el evitar que parezcan extremidades de Hobbit, mi única preocupación pédica (ji-ji, "pédica") era mantener un cajón rebosando con calcetas blancas de las que venden en dotaciones de 20 y duran toda tu adolescencia y parte de la menopausia de tu mamá.
Así, con excepción de uno que otro par de calcetines negros reservados para andar de forzoso tacuche (porque, aceptémoslo, sólo el occiso Michael Jackson, Pelayo Díaz y Bob Esponja gozan del don para portar con dignidad la satanizada combinación cacle negro-calceta blanca), el guardarropa para mis pies se limitaba a la sosa pero infalible compañera del calzado deportivo.
Fue hasta que el dobladillo de los pantalones en las pasarelas subió al tobillo, y mi colección "zapatera" bajó en número de Converse, cuando me cayó el veinte de lo mucho que estaba malgastando tiempo en ponerle tanto esmero a mis calzones, desatendiendo por completo a mis pobres calcetines. Concluí que por algo el detalle de distinción no está en el calzón...(o sí, pero ese es otro tema que aquí no nos atañe).

Las posibilidades de darle vida a un atuendo con toques de color y estampado en los pies son vastas y sin restricciones; si no me creen, solo échenle un ojo a las fotos callejeras de las recientes Fashion Weeks en Milan y Paris para darse cuenta que todos los que tienen un sentido de lo sartorial (llámense editores, shoppers, bloggers y los comunes -mas nunca corrientes- fashionistas) están aplicando la sabiduría milenaria de Donelli.
Ahora sí, señores, ¡a subirse el dobladillo y a enseñar tobillo!


Y por último, dos alternativas a los calcetines, 
¿por qué no adornar los tobillos con pañoletas?
(Todas las fotos son propiedad de Tommy Ton)

miércoles, 15 de junio de 2011

¡ALELUYA, ALELUYA! (and a happy new year)

"I´ll be back" dijo mi blog, y helo aquí, cual Terminator, pero sin una amante mucama y un bastardo que justificarle al mundo (sí, este fue un chiste mal logrado a expensas de Schwarzenegger).
Ya pasó casi un año desde mi última entrada y a decir verdad no mucho ha cambiado, excepto quizás, que su servidor ya sopló 30 velitas en su último pastel, aunque técnicamente si me rijo por las leyes de las momias de `Sex and the City´, cumplí 20; y si a esos 20 les rocío polvo de hadas de Nunca Jamás por el síndrome de Peter Pan que me aqueja, cumplí 15; y si a los 15 les resto el equivalente en años de las neuronas sacrificadas en pos de una educación vía televisor, más las perdidas debido a mi insana afición a las cervezas con Clamato, entonces cumplí 10 años. Sí, cumplí 10 años.

Podría escbribir un millón de excusas del por qué tengo tan abandonado este blog que nada le aporta al mundo, y si bien me regodeo de ser un experto en "es que´s", esta vez no los voy a usar ni me voy a justificar, ¡no señor!... (aunque, si alguien me preguntara -por mera curiosidad-, mi respuesta sería "es que tengo un blog en Yahoo! que consume todo mi talento escrito y me deja seco"). There you go.
La ventaja de aquél blog radica en su pago mensual en billetes verdes, que mucha falta le hacen a mi famélica cartera, pero llegó Junio y sus calores y junto con ellos un remordimiento de conciencia por dejar las cosas a medias y ponerle más atención "al otro", dejando en total e injusto abandono a este. Ay de mí y mi infidelidad.
Por ello estoy de vuelta con nuevos bríos, más angustia adulta-contemporánea que todo el repertorio musical de Stereo 100 y altas dosis de superficialidad para hacerle honor al apelativo de este, mi querido blog.
Además, si hay algo que tengo que aceptar es que por estos rumbos de la blogósfera me siento menos juzgado que por allá, donde los afectuosos lectores me han deseado la muerte más de una vez, han hecho "cordiales" menciones de mi progenitora y en general, no hay forma de darles gusto porque odiarán todo lo que yo ame y amarán todo lo que yo odie. Todos ellos eruditos, se han encargado de hacerme ver que mi trabajo como blogger de cine no sacia su sed intelectual, posteando memorables comentarios como "Deverías de aprehender a escrivir", "¿Por esto te pagan?" y "BLIP de BLIP, eres un BLIP de tu BLIP y debería de partirte tu BLIP cara. BLIP BLIP". Where is the Love? pregúntome yo. Ciertamente no en los comentarios de Yahoo!, contéstome yo...
Así (a la fuerza y con el ego zapateado) fue como aprendí a no leer comments, dejé de hacerme pasar por una fanática apasionada de mí mismo con excelente ortografía, entendí que aparentemente Vince Vaughn SÍ es del gusto del público y decidí encausar mi vida bloggera bajo aquel lema que dice "ignorance is bliss". Ahora prefiero imaginar que todos los comentarios son porras que Germán Dehesa me envía desde la única nube con WI-FI del más allá.

¿Y de mis 30?...¡Ay mis 30!
Si hacer head bangin´ con canciones de Tears for Fears es algún indicio de que ya estoy más pa´lla que pa´ca, entonces bienvenida sea la adultez. Pero si comprar tres playeras de Mickey Mouse en mi último viaje al Maravilloso Mundo de Disney lo refuta, entonces no me queda más que decir: Forever Young...

jueves, 26 de agosto de 2010

Pero no soy una ardilla

Tengo mucha ropa. Corrección: Tengo demasiada ropa. Corrección de la corrección: Tengo DEMASIADA e INNECESARIA ropa. Llámenle adicción, llámenle llenar vacíos, llámenle complejo de ropavejero, pero si los 4 clósets y 7 cajones que ocupan mis trapos no es un indicio de "hoarding", yo no sé qué es.
Digamos que si yo fuera una ardilla y mi ropa fueran bellotas, estaría preparado para sobrevivir 5 crueles inviernos y me sobraría para el recalentado de primavera. Pero no soy una ardilla.

En mi cabeza, no cabe eso de tener "demasiadas" playeras rayadas, o "demasiadas" camisas a cuadros, o "demasiados" cardigans. Siempre encontraré la forma de decir algo como:"Sí, tengo 5 playeras de rayas azules, PERO no tengo una playera de rayas azul VERDOSO."
Una de mis últimas adquisiciones, una versión Inditex prácticamente exacta de la infame playera Balmain, me costó lo que cuesta una Vogue (WIN!). Sin embargo, el arrepentimiento post delirium tremens y la sabiduría milenaria de un amigo me hicieron cuestionar mi gasto (y gusto): "¿Realmente necesitas una playera apolillada?"- me preguntó. No. Nadie necesita una playera apolillada. Y ya siendo más realistas, ¿por qué alguien habría de pagar por una playera apolillada?...(FAIL).

Lo peor de todo no es eso. Lo peor de todo es que no importa cuántas opciones tenga para escoger, ni cuánta ropa nueva compre, invariablemente estiraré mi brazo y tomaré la misma playera, jeans y tennis de siempre. Dios sabe que pulí la suela de mis Converse blancos hasta su último suspiro, y aún asomados 3 de mis 5 dedos del pie y su color más cercano al gris rata que al blanco que alguna vez fueron, los llevé al doctor de calzado con la esperanza que los salvara de su cruel destino. Cual escena de Grey´s Anatomy, el dr McStinky me dijo "Uy mano, ya es hora de que te compres otros" a lo que yo respondí indignado "¡Zapatero a tus zapatos!" y con toda la tristeza del mundo, tuve que deshacerme de ellos y darles un final no tan digno en una bolsa costalitos.

Dicho esto, les presento a mi playera gris. Me gusta pensar que la sigo usando después de más de 6 años porque en ella conocí al amor de mi vida, lo que la hace 50% fibras de algodón / 50% fibras sentimentales. Eso o una necesidad patológica de aferrarme al pasado...
Si la razón es la segunda, entonces tendría mucho sentido el por qué colecciono ropa como si coleccionara timbres postales o cucharitas. 
Aún guardo la mayoría de las cosas que compré hace 7 años durante mi "intercambio universitario" que confundí con "siete meses de shopping spree" y confieso que no uso la mayoría desde hace como 5. Aunque creo que generalmente las cosas que compro no tienen fecha de caducidad (exceptuando, quizás, aquellos jeans acampanados con estoperoles que ahora hacen feliz y/o fashion victim a un huérfano de Calacoaya), siendo honesto, la mayoría solo ocupan espacio físico y emocional. Mis fedoras parecen más un adorno de pared que para la cabeza. Mis tennis, casas del Infonavit para las arañas. Mis playeras ya podrían pasar por vintage...
Decidí entonces hacer una limpieza profunda y honesta de mi clóset (tipo exfoliación de impurezas). Descartadas están las playeras XS con ventilación axilar y estampados como "Rebelious High" y "My mom says I´m a good guy". También las fedoras, que sé que le vendrán muy bien a la cabeza de cierta lesbiana que se jura Justin Timberlake ("haz el bien sin mirar a quién", dice mi madre).
Confieso que de filántropo tengo lo que tengo de futbolista y filósofo, pero amanecí con espíritu benefactor y con ganas de hacer felices a los huérfanos malvestidos de la Madre Teresina de Calacoaya.

¿En cuanto a seguir comprando? Me es muy difícil tener un billete de cien pesos sin imaginarme a Nezahualcóyotl diciendo: "¡TEJUILKONI EJÉCATL!" (traducción: "úsame, gástame"), pero prometo ser más prudente y selectivo en mis gastos. Por ejemplo, en lugar de comprar una playera apolillada, comprar una familia de polillas y apolillar una que ya tenga...

"Me llamo Daniel y soy shopaholico..."

Dos de las cosas que más atesoro: Una pulsera que uso todos los días desde hace 7 años y mi leal playera gris

Madrid 2003: Un atuendo cuestionable que todavía tengo 
(pero ya no uso)

Una ardilla...

lunes, 16 de agosto de 2010

"I believe..."

"I can believe things that are true and I can believe things that aren´t true and I can believe things where nobody knows if they´re true or not. I can believe in Santa Claus and the Easter Bunny and Marilyn Monroe and the Beatles and Elvis and Mister Ed. Listen- I believe that people are perfectible, that knowledge is infinite, that the world is run by secret banking cartels and is visited by aliens on a regular basis, nice ones that look like wrinkledly lemurs and bad ones who mutilate caddle and want our water and our women. I believe that the future sucks and I believe that the future rocks and I believe that one day White Buffalo Woman is going to come back and kick everyone´s ass. I believe that all men are just overgrown boys with deep problems communicating and that the decline in good sex in America is coincident with the decline in drive-in movie theaters from state to state. I believe that all politicians are unprincipled crooks and I still believe that they are better than the alternative. I believe that California is going to sink into the sea when the big one comes, while Florida is going to dissolve into madness and alligators and toxic waste. I believe that antibacterial soap is destroying our resistance to dirt and disease so that one day we´ll all be wiped out by the common cold like the Martians in War of the Worlds. I believe that the greatest poets of the last century were Edith Sitwell and Don Marquis, that jade is dried dragon sperm, and that a thousands of years ago in a former life I was a one-armed Siberian shaman. I believe that mankind´s destiny lies in the stars. I believe that candy really did taste better when I was a kid, that it´s aerodynamically impossible for a bumblebee to fly, that light is a wave and a particle, that there´s a cat in a box somewhere who´s alive and dead at the same time (although if they don´t ever open the box to feed it, it´ll eventually just be two different kinds of dead), and that there are stars in the universe billions of years older than the universe itself. I believe in a personal god who cares about me and worries and oversees everything I do. I believe in an impersonal god who set the universe in motion and went off to hang with her girlfriends and doesn´t even know that I´m alive. I believe in an empty and godless universe of casual chaos, background noise, and sheer blind luck. I believe that anyone who says that sex is overrated just hasn´t done it properly. I believe that anyone who claims to know what´s going on will lie about the little things too. I believe in absolute honesty and sensible social lies. I believe in a woman´s right to choose, a baby´s right to live, that while all human life is sacred there´s nothing wrong with the death penalty if you can trust the legal system implicity, and that no one but a moron would ever trust the legal system.
I believe that life is a game , that life is a cruel joke, and that life is what happens when you´re alive and that you might as well lie back and enjoy it."

Neil Gaiman, "American Gods", 2001


viernes, 30 de julio de 2010

Obra en construcción

Yo confieso, que si hay algo en ésta vida para lo que soy un experto, es para dejar proyectos personales a medias.
Generalmente  son novelas que abandono en una cuartilla de un archivo de Word que eventualmente borro, pero hubo un tiempo en el que eran canciones que se quedaban en estribillo, poemas que no pasaban de una rima y muchas ilustraciones que murieron siendo boceto.
Yo culpo a que me autoproclamo un soñador miedoso. Siempre soñando, siempre creando, pero en cuanto le doy cabida a lo “real” de la realidad, pierdo todo empuje y solito me sentencio al “para qué”.

“Filippo e Isabella” es uno de los proyectos que empecé el año pasado y que sufrió el mismo destino que muchos otros intentos de escribir un libro infantil e ilustrarlo: olvidado en un hard drive. Sin embargo, a éste en particular le tengo mucha fé y lo he de terminar algún día.
Se trata de Filippo, un gato negro mimado que lo tiene todo, hasta que un día se vuelve el causante de las alergias del nuevo miembro de la casa y lo echan.
Junto con su mascota, un ratón llamado Sigmund, Filippo tiene que replantearse  su hasta entonces cómoda vida, y aprender a hacer todo por su cuenta, incluyendo encontrar un trabajo.
Tras varios intentos fallidos en empleos más apropiados para humanos, a Filippo le cae el veinte que es un gato, y lo peor de todo: uno de mal agüero. Decepcionado y a punto de rendirse, conoce a Isabella, una joven bruja quien curiosamente necesita de un gato negro para completar su “look profesional”. Filippo acepta el empleo, muy a pesar de sí mismo, y a partir de entonces empieza una compleja relación con su empleadora, y una búsqueda por aceptar su naturaleza  (Tan-tan).
Les dejo una parte de lo que llevo escrito, y un boceto del personaje principal. No sean muy críticos, no soy escritor.

1-    De Filippo...

Filippo era un gato afortunado. Vivía  en el séptimo piso de uno de los edificios más lujosos de la ciudad, donde un portero trajeado recibía  a los inquilinos con elegantes gestos y acento ruso, y los pisos de mármol blanco eran tan relucientes que daba la impresión de caminar sobre espejos.
Desde que tenía  memoria vivía  ahí, despertando todas las mañanas sobre una cama acolchonada, decorada con al menos 8 almohadas rellenas de plumas de ganso holandés y tapado hasta el cuello con sábanas de quinientos hilos.
Su armario, del tamaño de una habitación mediana, rebosaba de ropa minuciosamente separada por estaciones: mamelucos de franela suave y calientita para las noches de invierno,  pantaloncillos cortos de lino para el verano soleado y bufandas de lana peruana para el frío viento de otoño. Sus cajones guardaban decenas de pares de calcetines, algunos de rombos, otros rayados y de lunares. De cachemir, de algodón y seda.
Corbatines estampados y un estante repleto de todo tipo de zapatos boleados hasta el punto de brillar cuando pegaba la luz del sol, completaban el suntuoso vestidor.

No cabía duda que aquél era un gato afortunado, y a falta de un mejor adjetivo, uno peculiar. Aunque de pelaje negro como la noche menos estrellada, y cola larga y tupida, Filippo había  pasado gran parte de su primera vida resistiéndose a aceptar su naturaleza felina. Sus dueños, Él y Ella, le habían dedicado tanto tiempo, cariño y dinero desde que era una bolita de pelos negros y ojazos amarillos, cumpliendo sus caprichos más descabellados y exigentes y peinándole los bigotes con un cepillo de marfil, que el resultado de tanta condescendencia fue el primer gato que no quería ser gato.
Para empezar, amaba el agua como nadie. De ser posible, se bañaba tres veces al día , sumergido en burbujas con aroma a hierbabuena dentro de una enorme tina de cerámica con patas cromadas. Se tallaba su cuerpo con gran deleite, empapando la esponja en forma de oca y enjabonándose hasta el último pelo de sus picudas orejas.
La leche nunca la bebía sola. De ser así, la escupía y sufría de agudas agruras durante 3 días y sus noches. Para evitarlo,  la bebía  chocolatada de lunes a viernes y sabor crema irlandesa los fines de semana.
Pero nadie veía  venir que en su resistencia a lo gatuno, Filippo ordenaría  a sus dueños le compraran un ratón como mascota.
El primero, un ratón moteado y nervioso, había sido víctima  de sus instintos: en un impulsivo retortijón de panza, Filippo se lo había comido de un bocado, en lo que definía como el día  más vergonzoso de su existencia. Aquél día en el que sucumbió a sus deseos más bajos y sació su hambre a costa de un fiel compañero.
El segundo, uno blanco de ojos rojizos, duró únicamente un mes, hasta que decidió probar la galleta  de jengibre envenenada de la vecina.  Pasó una semana para encontrar su cuerpo sin vida junto a la suculenta evidencia. El diagnóstico de Filippo: “empacho por gula”. Lo que nadie nunca supo fue que la decisión había sido premeditada y definitiva, en una especie de escape desesperado de su involuntario encierro.
El tercer ratón, y su actual mascota, era de un humilde color gris, y a diferencia de los dos anteriores, había llegado voluntariamente y sin previo aviso.
Apareció un día en la biblioteca, husmeando entre los libros empolvados por el tiempo y el desinterés, pasando cada hoja con sumo cuidado y leyendo con detenimiento cada párrafo en un estado de concentración y disciplina tal, que le hacían parecer un roedor hipnotizado. Antes de que Ella pudiera matarlo a escobazos, Filippo le ofreció la vacante de mascota y éste accedió con una simple y justa condición: a partir de entonces todos los libros en la biblioteca serían suyos y nada más que suyos.
Filippo no puso resistencia, y al más puro estilo de dos caballeros, estrecharon sus manos para cerrar el trato. El ratón se hacía  llamar Sigmund, a pesar de la insistencia de Filippo en rebautizarlo como Peluso Tercero. Usaba un par de gafas de pasta roja que había encontrado en un basurero de la ciudad, y su afición más grande era la lectura, algo que Filippo no compartía  y criticaba en cada oportunidad: “¿Para qué leer si se puede tomar el sol y beber una piña colada en el balcón?”-decía , convencido de que Sigmund era la mascota más aburrida y rara del mundo. Ante esto, Sigmund solo movía la cabeza de un lado a otro y pensaba a su vez que Filippo era un amo mimado y autocomplaciente.
Para la decepción del excéntrico gato, Sigmund parecía más interesado en devorar cada palabra de cada libro de cada estante de la enorme biblioteca, que saltar sobre la cama o tomarse fotos usando sombreros chistosos. Utilizaba palabras pomposas como “especulaciones” al menos dos veces por oración, lo que a Filippo le provocaba una comezón terrible acompañada de un inevitable bostezo.
Aunque dispares en muchos sentidos, el gato había encontrado en Sigmund y particularmente en sus grandes orejas, alguien que lo escuchara. Últimamente se sentía desatendido por Él y Ella, cuya ausencia en el departamento era cada vez más notoria.