Porque sí, porque me gusta, porque me dan ganas de hacer el "Japi Dans" cuando la escucho, porque me pone a pensar en conejitos con sweaters de rombos y en unicornios galopantes y en nubes acolchadas y en estrellas fugaces y en betún y en bosques mágicos y en haditas danzantes y sobretodo en lo viril que soy.
Con ustedes, `White Nights´ de Nanna Øland Fabricius (mejor conocida en el mundo musical como Oh Land), una de mis canciones preferidas actualmente y un video de esos que te provocan un sincero "WTF?" pero luego sonríes y te dan ganas de rodar por una colina llena de Dientes de León usando shorts de gingham azul cielo (y jarabe contra la alergia).
Felicidad, ven a mi.
viernes, 23 de septiembre de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
Cositas
El adorno para su primer hogar de hembra emancipada y autosuficiente está hecho con un portarretratos de 20 pesos (¡gracias esquina `Made in China´ del Superama!), bolas de unicel, foamy, pintura acrílica rosa, cable de audífonos descompuestos e ilustraciones de su humilde servilleta: Bueno, bonito y barato.
Se puede poner como portarretratos o colgarlo de las paredes y además tiene tres expresiones distintas para que las cambie a su antojo.
Cositas, chingaderitas, mamaditas, y mucho tiempo libre...
(I-MA-GI-NA-CIÓOON, I-MA-GI-NA-CIÓOON EN EL ESPACIO DE COSITAS...)
miércoles, 10 de agosto de 2011
When everything is lonely...
Navegando por las turbias aguas de la red, di con esta imagen, parte de una estrofa de la canción `Lua´ de Conor Oberst, mejor conocido en el ámbito musical como Bright Eyes, uno de esos talentos que mucho se les aplaude pero poco vende...
De inmediato me identifiqué con ella, primero porque nunca le he sacado (del verbo "sacatear") a la soledad, y segundo, porque coincido que así como yo puedo ser mi propio y muy temido némesis ("declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es...YO MISMO ¡AAAAA!" *gira hsitérico en su propio eje*) , hay veces que a pesar del diablillo jodón que se posa en mi hombro izquierdo, también puedo ser mi propio amigo. Es decir, si tuviera un reality show llamado `My New BFF´, yo estaría entre los tres contendientes finales (lo de ganar no sé, todavía no me caigo tan bien).
Contrario a Bright Eyes, su humilde servilleta no le entra al café, porque ¿para qué darle neurosis líquida a un neurasténico?, y en cuanto a lo de paper, sólo leo la sección de espectáculos pues todo lo demás me tumba los ánimos con una trompada de realidad.
Por lo mismo, me di a la tarea de meterle mano (con todo respeto) a la frase, y viendo que la soledad resulta tan personalizable, le pedí a algunos amigos que cooperaran con su propia versión del quality time con uno mismo. Me di cuenta de dos cosas: Una, tengo el poder de convocatoria de una mofeta leprosa y Dos, cada quien hace de su culo un florero...
A continuación, les presento mi soledad, y algunas soledades ajenas:
Pepe
Bere
Ricky
Caro
Isa
Lalo
Sonia
(Gracias Pepe, Bere, Ricky, Caro, Isa, Lalo y Sonia. Los quiero mil, amigos.)
jueves, 21 de julio de 2011
Je vous presénte a Benjamin Lacombe
No quito el dedo del renglón. Sé que algún día voy a ganar la batalla contra la condenada y alevosa desidia y voy a poder terminar mi soñado libro ilustrado clasificación doble A.
Aunque me lleve años; aunque sea obra póstuma; aunque tenga que interrumpir mi eterno descanso para jalarle las patas a algún editor renegado obligándolo a que la publique bajo amenaza de un perpetuo embrujo, lo haré. Algún día.
Mientras eso pasa, en mi búsqueda de la inspiración apropiada para empezar el susodicho, me topé con un talento al que ya le llegó su "algún día" y lleva publicados una docena de trabajos con apenas 29 años.
Lo conocí en una de esas idas a Gandhi en las que me sumerjo en la sección de libros infantiles, embebido cual churumbel de 5 años con grandes obras existencialistas como `Las Pulgas No Vuelan´ y `Maria Ite y el Chupete de su Amiga´ (este último título también lo pueden encontrar en la sección de adultos de su videoclub preferido).
Di con él bajo recomendación de la entusiasta y fervorosa vendedora, a quien le pedí me sugiriera libros ilustrados muy a pesar de sí misma, y del tiempo que le estaba dedicando a su chicle de menta.
"Éste es nuevo", me dijo. "Y está chido", remató.
¿Nuevo Y chido? ¡Me lo llevo!
Así llegó a mis manos la Edición de Coleccionista de `Genealogía de una Bruja´, escrito por Sébastien Perez e ilustrado por el très talentueux Benjamin Lacombe, un parisino que es (a falta de un mejor halago), una pistola para su arte; así, a calzón quitado: un fregón de la ilustración.
Nació en la Ciudad de la Luz en 1982, y en el 2001, ya crecidito y convencido de qué quería hacer de su vida, ingresó a la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas de París. Mientras realizaba su entrenamiento artístico, Benjamin (sí, lo voy a tutear porque en mi cabeza es un amigo con derechos...vastos derechos) empezó a trabajar en el mundo publicitario y con apenas 19 años, ya tenía publicado su primer comic y unos cuantos trabajos de ilustración. Su tésis, un libro titulado `Cherry and Olive´ que es el primer trabajo que escribe además de ilustrar, se publicó en Francia en el 2006, y un año más tarde en Estados Unidos donde se llevó el reconocimiento de ser uno de los 10 mejores libros infantiles del 2007 según la revista Times.
Desde entonces, el buen Benja ha publicado varias obras, trabajado en campañas publicitarias, ilustrado portadas de libros y exhibido su arte en galerías alrededor de todo el mundo incluyendo Nueva York, Roma y Tokyo;
Femenino, romántico e inocente pero a la vez grotesco y creepy, su estilo dista tanto de lo que su servidor sabe hacer, que tenía que reconocerle su maestría aquí en mi reputado blog, y presentárselos, no como un mero ilustrador de libros infantiles, sino como un gran artista (que además, fue bendecido por la mano vigorosa de Papá Dios con excelentes genes).
No me queda más que decir: Ooh, la la! (y baguette, y champagne y voulez-vous coucher avec moi)
Mi adquisición, `Genealogía de una Bruja´
Parte de su trabajo:
Y finalmente, para que babéen en francés...
jueves, 30 de junio de 2011
Entre el zapato y el pantalón...
Confieso que nunca le había prestado demasiada atención al "arte" de los pies bien vestidos.
Dejando a un lado la obligatoria higiene personal y el evitar que parezcan extremidades de Hobbit, mi única preocupación pédica (ji-ji, "pédica") era mantener un cajón rebosando con calcetas blancas de las que venden en dotaciones de 20 y duran toda tu adolescencia y parte de la menopausia de tu mamá.
Así, con excepción de uno que otro par de calcetines negros reservados para andar de forzoso tacuche (porque, aceptémoslo, sólo el occiso Michael Jackson, Pelayo Díaz y Bob Esponja gozan del don para portar con dignidad la satanizada combinación cacle negro-calceta blanca), el guardarropa para mis pies se limitaba a la sosa pero infalible compañera del calzado deportivo.
Fue hasta que el dobladillo de los pantalones en las pasarelas subió al tobillo, y mi colección "zapatera" bajó en número de Converse, cuando me cayó el veinte de lo mucho que estaba malgastando tiempo en ponerle tanto esmero a mis calzones, desatendiendo por completo a mis pobres calcetines. Concluí que por algo el detalle de distinción no está en el calzón...(o sí, pero ese es otro tema que aquí no nos atañe).
Las posibilidades de darle vida a un atuendo con toques de color y estampado en los pies son vastas y sin restricciones; si no me creen, solo échenle un ojo a las fotos callejeras de las recientes Fashion Weeks en Milan y Paris para darse cuenta que todos los que tienen un sentido de lo sartorial (llámense editores, shoppers, bloggers y los comunes -mas nunca corrientes- fashionistas) están aplicando la sabiduría milenaria de Donelli.
Ahora sí, señores, ¡a subirse el dobladillo y a enseñar tobillo!
Así, con excepción de uno que otro par de calcetines negros reservados para andar de forzoso tacuche (porque, aceptémoslo, sólo el occiso Michael Jackson, Pelayo Díaz y Bob Esponja gozan del don para portar con dignidad la satanizada combinación cacle negro-calceta blanca), el guardarropa para mis pies se limitaba a la sosa pero infalible compañera del calzado deportivo.
Fue hasta que el dobladillo de los pantalones en las pasarelas subió al tobillo, y mi colección "zapatera" bajó en número de Converse, cuando me cayó el veinte de lo mucho que estaba malgastando tiempo en ponerle tanto esmero a mis calzones, desatendiendo por completo a mis pobres calcetines. Concluí que por algo el detalle de distinción no está en el calzón...(o sí, pero ese es otro tema que aquí no nos atañe).
Las posibilidades de darle vida a un atuendo con toques de color y estampado en los pies son vastas y sin restricciones; si no me creen, solo échenle un ojo a las fotos callejeras de las recientes Fashion Weeks en Milan y Paris para darse cuenta que todos los que tienen un sentido de lo sartorial (llámense editores, shoppers, bloggers y los comunes -mas nunca corrientes- fashionistas) están aplicando la sabiduría milenaria de Donelli.
Ahora sí, señores, ¡a subirse el dobladillo y a enseñar tobillo!
Y por último, dos alternativas a los calcetines,
¿por qué no adornar los tobillos con pañoletas?
(Todas las fotos son propiedad de Tommy Ton)
miércoles, 15 de junio de 2011
¡ALELUYA, ALELUYA! (and a happy new year)
"I´ll be back" dijo mi blog, y helo aquí, cual Terminator, pero sin una amante mucama y un bastardo que justificarle al mundo (sí, este fue un chiste mal logrado a expensas de Schwarzenegger).
Ya pasó casi un año desde mi última entrada y a decir verdad no mucho ha cambiado, excepto quizás, que su servidor ya sopló 30 velitas en su último pastel, aunque técnicamente si me rijo por las leyes de las momias de `Sex and the City´, cumplí 20; y si a esos 20 les rocío polvo de hadas de Nunca Jamás por el síndrome de Peter Pan que me aqueja, cumplí 15; y si a los 15 les resto el equivalente en años de las neuronas sacrificadas en pos de una educación vía televisor, más las perdidas debido a mi insana afición a las cervezas con Clamato, entonces cumplí 10 años. Sí, cumplí 10 años.
Podría escbribir un millón de excusas del por qué tengo tan abandonado este blog que nada le aporta al mundo, y si bien me regodeo de ser un experto en "es que´s", esta vez no los voy a usar ni me voy a justificar, ¡no señor!... (aunque, si alguien me preguntara -por mera curiosidad-, mi respuesta sería "es que tengo un blog en Yahoo! que consume todo mi talento escrito y me deja seco"). There you go.
La ventaja de aquél blog radica en su pago mensual en billetes verdes, que mucha falta le hacen a mi famélica cartera, pero llegó Junio y sus calores y junto con ellos un remordimiento de conciencia por dejar las cosas a medias y ponerle más atención "al otro", dejando en total e injusto abandono a este. Ay de mí y mi infidelidad.
Por ello estoy de vuelta con nuevos bríos, más angustia adulta-contemporánea que todo el repertorio musical de Stereo 100 y altas dosis de superficialidad para hacerle honor al apelativo de este, mi querido blog.
Además, si hay algo que tengo que aceptar es que por estos rumbos de la blogósfera me siento menos juzgado que por allá, donde los afectuosos lectores me han deseado la muerte más de una vez, han hecho "cordiales" menciones de mi progenitora y en general, no hay forma de darles gusto porque odiarán todo lo que yo ame y amarán todo lo que yo odie. Todos ellos eruditos, se han encargado de hacerme ver que mi trabajo como blogger de cine no sacia su sed intelectual, posteando memorables comentarios como "Deverías de aprehender a escrivir", "¿Por esto te pagan?" y "BLIP de BLIP, eres un BLIP de tu BLIP y debería de partirte tu BLIP cara. BLIP BLIP". Where is the Love? pregúntome yo. Ciertamente no en los comentarios de Yahoo!, contéstome yo...
Así (a la fuerza y con el ego zapateado) fue como aprendí a no leer comments, dejé de hacerme pasar por una fanática apasionada de mí mismo con excelente ortografía, entendí que aparentemente Vince Vaughn SÍ es del gusto del público y decidí encausar mi vida bloggera bajo aquel lema que dice "ignorance is bliss". Ahora prefiero imaginar que todos los comentarios son porras que Germán Dehesa me envía desde la única nube con WI-FI del más allá.
¿Y de mis 30?...¡Ay mis 30!
Si hacer head bangin´ con canciones de Tears for Fears es algún indicio de que ya estoy más pa´lla que pa´ca, entonces bienvenida sea la adultez. Pero si comprar tres playeras de Mickey Mouse en mi último viaje al Maravilloso Mundo de Disney lo refuta, entonces no me queda más que decir: Forever Young...
Ya pasó casi un año desde mi última entrada y a decir verdad no mucho ha cambiado, excepto quizás, que su servidor ya sopló 30 velitas en su último pastel, aunque técnicamente si me rijo por las leyes de las momias de `Sex and the City´, cumplí 20; y si a esos 20 les rocío polvo de hadas de Nunca Jamás por el síndrome de Peter Pan que me aqueja, cumplí 15; y si a los 15 les resto el equivalente en años de las neuronas sacrificadas en pos de una educación vía televisor, más las perdidas debido a mi insana afición a las cervezas con Clamato, entonces cumplí 10 años. Sí, cumplí 10 años.
Podría escbribir un millón de excusas del por qué tengo tan abandonado este blog que nada le aporta al mundo, y si bien me regodeo de ser un experto en "es que´s", esta vez no los voy a usar ni me voy a justificar, ¡no señor!... (aunque, si alguien me preguntara -por mera curiosidad-, mi respuesta sería "es que tengo un blog en Yahoo! que consume todo mi talento escrito y me deja seco"). There you go.
La ventaja de aquél blog radica en su pago mensual en billetes verdes, que mucha falta le hacen a mi famélica cartera, pero llegó Junio y sus calores y junto con ellos un remordimiento de conciencia por dejar las cosas a medias y ponerle más atención "al otro", dejando en total e injusto abandono a este. Ay de mí y mi infidelidad.
Por ello estoy de vuelta con nuevos bríos, más angustia adulta-contemporánea que todo el repertorio musical de Stereo 100 y altas dosis de superficialidad para hacerle honor al apelativo de este, mi querido blog.
Además, si hay algo que tengo que aceptar es que por estos rumbos de la blogósfera me siento menos juzgado que por allá, donde los afectuosos lectores me han deseado la muerte más de una vez, han hecho "cordiales" menciones de mi progenitora y en general, no hay forma de darles gusto porque odiarán todo lo que yo ame y amarán todo lo que yo odie. Todos ellos eruditos, se han encargado de hacerme ver que mi trabajo como blogger de cine no sacia su sed intelectual, posteando memorables comentarios como "Deverías de aprehender a escrivir", "¿Por esto te pagan?" y "BLIP de BLIP, eres un BLIP de tu BLIP y debería de partirte tu BLIP cara. BLIP BLIP". Where is the Love? pregúntome yo. Ciertamente no en los comentarios de Yahoo!, contéstome yo...
Así (a la fuerza y con el ego zapateado) fue como aprendí a no leer comments, dejé de hacerme pasar por una fanática apasionada de mí mismo con excelente ortografía, entendí que aparentemente Vince Vaughn SÍ es del gusto del público y decidí encausar mi vida bloggera bajo aquel lema que dice "ignorance is bliss". Ahora prefiero imaginar que todos los comentarios son porras que Germán Dehesa me envía desde la única nube con WI-FI del más allá.
¿Y de mis 30?...¡Ay mis 30!
Si hacer head bangin´ con canciones de Tears for Fears es algún indicio de que ya estoy más pa´lla que pa´ca, entonces bienvenida sea la adultez. Pero si comprar tres playeras de Mickey Mouse en mi último viaje al Maravilloso Mundo de Disney lo refuta, entonces no me queda más que decir: Forever Young...
jueves, 26 de agosto de 2010
Pero no soy una ardilla
Tengo mucha ropa. Corrección: Tengo demasiada ropa. Corrección de la corrección: Tengo DEMASIADA e INNECESARIA ropa. Llámenle adicción, llámenle llenar vacíos, llámenle complejo de ropavejero, pero si los 4 clósets y 7 cajones que ocupan mis trapos no es un indicio de "hoarding", yo no sé qué es.
Digamos que si yo fuera una ardilla y mi ropa fueran bellotas, estaría preparado para sobrevivir 5 crueles inviernos y me sobraría para el recalentado de primavera. Pero no soy una ardilla.
En mi cabeza, no cabe eso de tener "demasiadas" playeras rayadas, o "demasiadas" camisas a cuadros, o "demasiados" cardigans. Siempre encontraré la forma de decir algo como:"Sí, tengo 5 playeras de rayas azules, PERO no tengo una playera de rayas azul VERDOSO."
Una de mis últimas adquisiciones, una versión Inditex prácticamente exacta de la infame playera Balmain, me costó lo que cuesta una Vogue (WIN!). Sin embargo, el arrepentimiento post delirium tremens y la sabiduría milenaria de un amigo me hicieron cuestionar mi gasto (y gusto): "¿Realmente necesitas una playera apolillada?"- me preguntó. No. Nadie necesita una playera apolillada. Y ya siendo más realistas, ¿por qué alguien habría de pagar por una playera apolillada?...(FAIL).
Lo peor de todo no es eso. Lo peor de todo es que no importa cuántas opciones tenga para escoger, ni cuánta ropa nueva compre, invariablemente estiraré mi brazo y tomaré la misma playera, jeans y tennis de siempre. Dios sabe que pulí la suela de mis Converse blancos hasta su último suspiro, y aún asomados 3 de mis 5 dedos del pie y su color más cercano al gris rata que al blanco que alguna vez fueron, los llevé al doctor de calzado con la esperanza que los salvara de su cruel destino. Cual escena de Grey´s Anatomy, el dr McStinky me dijo "Uy mano, ya es hora de que te compres otros" a lo que yo respondí indignado "¡Zapatero a tus zapatos!" y con toda la tristeza del mundo, tuve que deshacerme de ellos y darles un final no tan digno en una bolsa costalitos.
Dicho esto, les presento a mi playera gris. Me gusta pensar que la sigo usando después de más de 6 años porque en ella conocí al amor de mi vida, lo que la hace 50% fibras de algodón / 50% fibras sentimentales. Eso o una necesidad patológica de aferrarme al pasado...
Si la razón es la segunda, entonces tendría mucho sentido el por qué colecciono ropa como si coleccionara timbres postales o cucharitas.
Aún guardo la mayoría de las cosas que compré hace 7 años durante mi "intercambio universitario" que confundí con "siete meses de shopping spree" y confieso que no uso la mayoría desde hace como 5. Aunque creo que generalmente las cosas que compro no tienen fecha de caducidad (exceptuando, quizás, aquellos jeans acampanados con estoperoles que ahora hacen feliz y/o fashion victim a un huérfano de Calacoaya), siendo honesto, la mayoría solo ocupan espacio físico y emocional. Mis fedoras parecen más un adorno de pared que para la cabeza. Mis tennis, casas del Infonavit para las arañas. Mis playeras ya podrían pasar por vintage...
Decidí entonces hacer una limpieza profunda y honesta de mi clóset (tipo exfoliación de impurezas). Descartadas están las playeras XS con ventilación axilar y estampados como "Rebelious High" y "My mom says I´m a good guy". También las fedoras, que sé que le vendrán muy bien a la cabeza de cierta lesbiana que se jura Justin Timberlake ("haz el bien sin mirar a quién", dice mi madre).
Confieso que de filántropo tengo lo que tengo de futbolista y filósofo, pero amanecí con espíritu benefactor y con ganas de hacer felices a los huérfanos malvestidos de la Madre Teresina de Calacoaya.
¿En cuanto a seguir comprando? Me es muy difícil tener un billete de cien pesos sin imaginarme a Nezahualcóyotl diciendo: "¡TEJUILKONI EJÉCATL!" (traducción: "úsame, gástame"), pero prometo ser más prudente y selectivo en mis gastos. Por ejemplo, en lugar de comprar una playera apolillada, comprar una familia de polillas y apolillar una que ya tenga...
"Me llamo Daniel y soy shopaholico..."
Dos de las cosas que más atesoro: Una pulsera que uso todos los días desde hace 7 años y mi leal playera gris
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